| Un gato espera su tortilla española |
Es fácil fantasear sobre el encuentro entre el doctor David Livingstone y el explorador norteamericano Henry Stanley. El excéntrico médico escocés seguramente no sabría nada de la inquietud que su desaparición causó entre los medios occidentales, tanta como para que el New York Herald organizase una expedición de socorro. El doctor se había entregado a la lectura compulsiva de la Biblia (afirmaba con vehemencia que había sido capaz de leerla en cuatro ocasiones) mientras disfrutaba de las maravillosas vistas que le ofrecía el lago Tanganika. Cuando Stanley le localizó en la irrisoria ciudad de Ujiji (con todo mi respeto y consideración a mi legión de lectores tanzanos), Livingstone quizás se sorprendiese de la expectación generada por su desaparición. Tendría una cara de asombro incontenible, con los ojos como platos y sin poder articular palabra. Algo así le ocurrió a Angry Omelette cuando leyó con estupefacción en la carta de un restaurante bosnio que se ofrecía Spanish tortilla como entrante. No daba crédito.